14- junio-2012
De ésta
parte de la vida con mi madre, no me quiero ni acordar, de lo mal que lo pasé,
bueno y pasamos, porque algo nos tocó a todos los de casa.
Fue la
primavera del año pasado, de aquella todavía no le había puesto la barandilla
en la cama, porque ella tenía más movilidad y la cabeza bien a ratos.
Esto quiere
decir, que se levantaba cuando le parecía, se vestía y ¡ale! a disfrutar del
día, ¡hay mamina!
Desayunaba,
se lavaba y ya empezaba a decir, que tenía que marchar para su casa, que su
madre que diría.
Hubo días
que se levantaba de la cama a las 4, las 5, las 8 de la mañana ó la hora que
fuese. Yo si oía un ruido o algo, me levantaba como un cuete, para frenarla y
que no se vistiese, si era muy pronto.
Lo de
marchar para su casa, era la casa de cuando ella era joven que vivía con su
madre y hermanos.
Yo le
explicaba que vivía con nosotros, que si patatin… Que si patatan… Daba igual lo
que le dijese, no me escuchaba.
A veces
quedaba un rato tranquila, al poco rato ya estaba otra vez con lo mismo.
Iba a su
habitación se cambiaba la ropa de estar en casa, cogía del armario la ropa que
le parecía, se enjoyaba (como yo le decía), se pintaba los labios y a la calle…
A mi no me
quedaba otra que prepararme y dar un paseo con ella, su obsesión era marchar de
casa.
Cada día la
cogía con una tontería, quiero decir que por ejemplo, veía una manta (de estas
pequeñas del sofá), y ya empezaba que esa manta era de ella a ver que hacía
ahí, que a ver quién era yo, para cogerla, que la tenía que llevar para su casa
que si patatin… Que si patatan…
Yo le decía
sí sí, tienes que llevarla para tú casa (yo le daba la razón), ella metía la
manta debajo del brazo y ya la tenía un buen rato con ese rosario.
Tenía que
tener cuidado cuando habría su armario yo, porque cómo viese alguna ropa de
ella, empezaba otro rosario, decía esto, esto, esto, si es mío que hace aquí…?
Otra vez a
explicarle es que tú vives aquí con nosotros y es tu ropa, que si patatín que
si patatan…
Se alteraba
cada dos por tres, era difícil de controlar. Las persianas antes de que se
hiciese de noche las teníamos que bajar, porque, empezaba, pero… Si ya es de
noche, que dirá mi madre, todos los días teníamos ese rosario, unas cuantas
veces al día.
Teníamos que
irla tranquilizando como podíamos, cada día costaba más tranquilizarla.
Si era la
hora de comer, comíamos, estaba un momento en el sofá, después de comer yo también,
iba para el sofá, claro, de que tienes la cocina recogida.
No había
puesto yo el culo en el sofá, ella, ya se levantaba, se preparaba se pintaba
los labios cogía el boso, se enjoyaba y ¡ale!, otra de lo mismo, que marchaba
que su madre la esperaba.
Yo me
preparaba y a dar el paseo con ella, a toda pastilla me llevaba, andaba deprisa
para su edad, cuando estábamos en la calle ella ya no sabía dónde iba a ir,
entonces dábamos una vuelta y para casa.
Era mejor
darle la razón como ya he dicho, porque si le llevabas la contraria, diciéndole
que esperase un poco, a veces se ponía como un “basilisco” y ya se ponía burra,
quiero decir, que todavía eso era peor, porque menos te atendía a razones.
Claro a dar
el paseo se podía ir, si era de día, pero si ya era de noche y no la dejaba
salir, me decía que ella iba, donde le diese la gana, que a ver quién era yo
para no dejarla salir a la calle, que si patatín… Que si patatan ¡ay! Si esto
lo viese mi hija (que soy yo). Había que pelear con ella un buen rato, verbalmente
claro, ya se cansaba y ya casi ni me acuerdo de cómo la tranquilizaba, para
cuando llegaba la hora de la cena, para que cenase y fuese para la cama.
Lo de que la
esperaba su madre cada día era más a menudo, las explicaciones que nosotros le
dábamos no servían, pues ella no nos escuchaba.
De aquella
la única hora que estaba tranquila era a la hora de comer. Le decíamos vamos a
comer… Y para eso se ponía la primera.
Le decíamos
hay que dejarse aconsejar, hay que ser más humilde, ella no nos hacía caso,
bueno ya se sabe que no era ella era su cabeza.
Había días,
que nos tenía a todos los de casa cansados, de explicaciones, y encima para
nada claro.
Si estaba alterada
y mucho, se empezó a alterar mas, con mi marido, ¡ay mamina!, esto ya empezó a
ser peor, así, sí, que era peor de soportar.
Cada vez que
lo veía decía, que ella marchaba para su casa, que si no estuviese “ese” que sí
se quedaba, pero estando él no, bueno empezaba con un buen rosario, y lo cogía
cada vez que lo veía…
Estos fueron
unos días insoportables, estaba incontrolable, de aquella estábamos aquí en
Igüeña, tuvimos que irnos para Astorga a ver que decía la doctora, porque la
tensión ella la tenía que tener por las nubes de cómo se nos ponía de rabiada.
Fuimos a la
doctora le expliqué lo que pasaba, yo allí me derrumbé, no me había pasado
hasta ese día, pero es que ya no podía más, y al explicárselo me entró una
llantina.
La doctora
me decía tu tranquila, tranquila y yo decía, mira que tonta ahora no puedo
hablar.
Me dijo la
doctora que eso eran “delirios” que igual se le pasaba o que podía seguir un
tiempo.
Me dio unas
gotas, que le diese 5 gotas, tres veces al día, según se las empecé a dar le
veía más tranquila, su intranquilidad iba remitiendo.
Cada vez que
le daba las gotas a mi madre, ella me preguntaba ¿pero qué es esto?, yo le
decía “agua bendita”, las tomaba y ya todos contentos.
A veces se
ponía algo alterada pero desde que toma las gotas no es la fuerza de hace un
año que no había quien pudiese con ella.
Me ha costado
hacer ésta publicación, porque prefería no recordar estos tiempos.
Ya han
pasado, que todos tengamos algo de tranquilidad. Besos.