martes, 19 de junio de 2012

San Isidro


15- mayo- 2012

            Voy a contar de cuando mi madre vino para mi casa, de lo que hacía ella, que este mes hace dos años.

            Recogía los cacharros de que comíamos, y había fregado yo, ella me decía: tú marcha, que yo los recojo, (quería decir que marchase de la cocina), yo de vez en cuando daba una vuelta para observarla y procuraba que ella no me viese.

            Alguna de las veces iba yo, hasta la cocina y le preguntaba, ¿qué tal vas? A lo que ella me contestaba, no sé porque tengo que hacer yo esto… Que no es mi casa, (se le había cambiado el chip), claro, esto es debido a su enfermedad, estaba un rato con el rosario, y yo le decía ¡no! ¡no te canses!, siéntate, daba igual lo que yo le dijese, ya tenía para un buen rato, y esto era muy a menudo.

            El día que recogía los charros, a lo mejor más tranquila, los amontonaba tanto, que de vez en cuando alguno se caía alguno y si era de cristal pues ¡ale! uno menos.

            Le decía mira, ponlos aquí, en tal sitio y ella, a su bola y si se rompía algo decía, “se calló”. Siempre ha sido cabezona con lo que yo le decía y de aquella más.

            A veces me ponía ella, de los nervios como es normal, porque me tenía en vilo. Hablando de los nervios o de la tensión, de vez en cuando vamos a tomar la tensión, ella cada vez la tenía mejor je je, y yo peor, porque será… Ahora ya la tengo más o menos bien y ella también.

            Mi madre tenía un cuaderno para escribir, y otro para pintar, había que entretenerla en casa.

            Tuvo un tiempo antes de venir para mi casa, que le dolían mucho las piernas, y no podía salir tanto.

            También se quejaba de lumbago o de eso le trataron alguna vez, yo le ponía en los riñones la manta eléctrica y se aliviaba.

            Jugábamos a las cartas, al cinquillo o la brisca, la última partida fue el cinco de mayo del  año pasado, vi que jugaba yo sola y ya dejamos de jugar.

            A veces leía historias de un libro en alto y yo le escuchaba. La había comprado un cuaderno de pasatiempos, porque me lo había dicho la doctora, pero eso no fue capaz a hacer nada.

            De todas éstas cosas que hacía, lo que más le gustaba era jugar a las cartas je je. Cada vez que le decía vamos a escribir, siempre, siempre protestaba decía: pero si yo casi no fui a la escuela, pero si yo no sé… Tatatin… Tatatan y yo le decía ¡no! sí solo, es para practicar un ratito, que si tatatin que si tatatan, al final de rezungar, un rato se ponía.

            ¡Ah! También hacía cuentas de sumar restar y multiplicar, esto se le daba muy bien, pocas veces se confundía.

            Terminábamos y si era pronto íbamos a dar un paseo y de paso a comprar el pan o hasta el cementerio que solía ir todos los días.

            Doblaba la ropa interior, pero como la enfermedad va avanzando, día a día, cada vez más torpe, en poco tiempo ya no sabía doblar la ropa, como solía doblar ella, ni juntar dos calcetines iguales, los calcetines no fue nunca capaz de ponerlos como yo se lo decía, ella seguía haciendo un “huevito”.

            Ahora anda mas ligera, que en otras semana, con esto quiero decir, ahora mismo se levanta del sofá, a veces le cuesta un poco pero lo consigue, se levanta del wáter, éstas cosas hacía tiempo que no era capaz de hacerlas, a ver lo que dura la alegría.

            Ayer fuimos a Astorga, teníamos vez para hacer análisis las dos, poner la vacuna del tétano mi madre, tomar la tensión  también las  dos, fuimos con mi marido.

            Volvimos después de comer, ésta vez no se mareó, le puse una piedra en el ombligo con un esparadrapo en cruz y parece que le hizo efecto, que bien. 

            El titulo de ésta publicación, va en honor a mi padre que así se llamaba “Isidro”, porque nació el día antes de San Isidro.

            Me despido el día de San Isidro… Con muchos recuerdos.

           















































 














































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