15- mayo- 2012
Voy a contar
de cuando mi madre vino para mi casa, de lo que hacía ella, que este mes hace
dos años.
Recogía los
cacharros de que comíamos, y había fregado yo, ella me decía: tú marcha, que yo
los recojo, (quería decir que marchase de la cocina), yo de vez en cuando daba
una vuelta para observarla y procuraba que ella no me viese.
Alguna de
las veces iba yo, hasta la cocina y le preguntaba, ¿qué tal vas? A lo que ella
me contestaba, no sé porque tengo que hacer yo esto… Que no es mi casa, (se le
había cambiado el chip), claro, esto es debido a su enfermedad, estaba un rato
con el rosario, y yo le decía ¡no! ¡no te canses!, siéntate, daba igual lo que
yo le dijese, ya tenía para un buen rato, y esto era muy a menudo.
El día que
recogía los charros, a lo mejor más tranquila, los amontonaba tanto, que de vez
en cuando alguno se caía alguno y si era de cristal pues ¡ale! uno menos.
Le decía
mira, ponlos aquí, en tal sitio y ella, a su bola y si se rompía algo decía, “se
calló”. Siempre ha sido cabezona con lo que yo le decía y de aquella más.
A veces me
ponía ella, de los nervios como es normal, porque me tenía en vilo. Hablando de
los nervios o de la tensión, de vez en cuando vamos a tomar la tensión, ella
cada vez la tenía mejor je je, y yo peor, porque será… Ahora ya la tengo más o
menos bien y ella también.
Mi madre
tenía un cuaderno para escribir, y otro para pintar, había que entretenerla en
casa.
Tuvo un
tiempo antes de venir para mi casa, que le dolían mucho las piernas, y no podía
salir tanto.
También se
quejaba de lumbago o de eso le trataron alguna vez, yo le ponía en los riñones
la manta eléctrica y se aliviaba.
Jugábamos a
las cartas, al cinquillo o la brisca, la última partida fue el cinco de mayo
del año pasado, vi que jugaba yo sola y
ya dejamos de jugar.
A veces leía
historias de un libro en alto y yo le escuchaba. La había comprado un cuaderno
de pasatiempos, porque me lo había dicho la doctora, pero eso no fue capaz a
hacer nada.
De todas
éstas cosas que hacía, lo que más le gustaba era jugar a las cartas je je. Cada
vez que le decía vamos a escribir, siempre, siempre protestaba decía: pero si
yo casi no fui a la escuela, pero si yo no sé… Tatatin… Tatatan y yo le decía
¡no! sí solo, es para practicar un ratito, que si tatatin que si tatatan, al
final de rezungar, un rato se ponía.
¡Ah! También
hacía cuentas de sumar restar y multiplicar, esto se le daba muy bien, pocas
veces se confundía.
Terminábamos
y si era pronto íbamos a dar un paseo y de paso a comprar el pan o hasta el cementerio
que solía ir todos los días.
Doblaba la
ropa interior, pero como la enfermedad va avanzando, día a día, cada vez más
torpe, en poco tiempo ya no sabía doblar la ropa, como solía doblar ella, ni
juntar dos calcetines iguales, los calcetines no fue nunca capaz de ponerlos
como yo se lo decía, ella seguía haciendo un “huevito”.
Ahora anda
mas ligera, que en otras semana, con esto quiero decir, ahora mismo se levanta
del sofá, a veces le cuesta un poco pero lo consigue, se levanta del wáter,
éstas cosas hacía tiempo que no era capaz de hacerlas, a ver lo que dura la
alegría.
Ayer fuimos
a Astorga, teníamos vez para hacer análisis las dos, poner la vacuna del tétano
mi madre, tomar la tensión también las dos, fuimos con mi marido.
Volvimos
después de comer, ésta vez no se mareó, le puse una piedra en el ombligo con un
esparadrapo en cruz y parece que le hizo efecto, que bien.
El titulo de
ésta publicación, va en honor a mi padre que así se llamaba “Isidro”, porque
nació el día antes de San Isidro.
Me despido
el día de San Isidro… Con muchos recuerdos.
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